Tengo la impresión de que el otoño se ha puesto de moda. ¿vosotros también?.
Yo creo que es el efecto conjunto de Pinterest, donde nos bombardeamos a nosotros mismos con recetas de calabaza e Instagram, que está lleno de zapatitos pisando hojas secas.
Pero yo no me quejo, el Otoño siempre me ha encantado.
En realidad me gustan todas las estaciones. El invierno me trae la esperanza de que nieve y la Navidad, con la que tengo una relación de amor-odio. La primavera le gusta a casi todo el mundo, nos pilla con ganas de flores, de calorcito y de empezar a enseñar piel...lo malo es que viene con alergias. El verano significa vacaciones, bueno, a veces no, he pasado muchos veranos sin vacaciones, pero en mi cabecita son vacas aunque haya tenido que ir a trabajar...misterios de mi cerebro-descerebrado.
Pero el otoño se lleva la palma. Siempre ha sido mi estación preferida, tanto que para mi empezaba pronto, concretamente el 1 de septiembre (de nuevo mi cabecita funcionando estilo libre...).
Hace poco se lo comenté a otra bloguera: como yo crecí en un pueblo minúsculo, el fin de Agosto significaba también el fin de las vacaciones de mis amigos. Todos se volvían a Madrid y yo me quedaba en el pueblo, prácticamente sola. Pero, en lugar de lamentarlo, eso era algo que me encantaba. Recuerdo salir a la calle y no cruzarme más que con algún abuelillo, darme cuenta de que el sol ya no calentaba tanto y de que anochecía antes, cosas que me habían pasado inadvertidas hasta el momento. El final del verano era evidente pero aún tenía algunos días de vacaciones para disfrutar de la calma y la soledad. Y eso para mi es un planazo!.
A mucha gente esta estación le deprime. A mi me encanta.
Me encanta porque es el tiempo de las granadas, las setas, las almendras y las castañas.
